
Nos levantamos a la hora de siempre, salimos de la cama, nos desperezamos, desayunamos, nos cepillamos los dientes… Y, al menos en mi caso, repasamos mentalmente como será el día, tengo que: llamar, recoger, buscar, pensar, solucionar, recordar, escribir, felicitar, comer, caminar… miles de cientos de cosas que se convertirán en fuente de algo más, que bien pasará desapercibido o que recordaremos en el futuro.
Como cuando escuchamos una canción que nos evoca un momento, como cuando olemos un perfume que nos traslada en el tiempo… cuando oímos por primera vez esa canción no sabíamos que significaría algo, cuando olimos por primera vez ese perfume, no sabíamos que se convertiría en una especie de llave para abrirnos paso por el tiempo. Vivimos expuestos constantemente a momentos que se grabarán en muestra memoria y asaltarnos por sorpresa pasado el tiempo.
Y justamente hoy ha tenido lugar este tipo de evento, cuándo y dónde menos lo esperaba, fue un momento tan fugaz y breve que a penas pude captarlo. Como ese primer segundo en que se enciende una cerilla y arde toda la pólvora, esa luz más resplandeciente que luego abre paso a una llama estable, pero que nunca es igual de brillante.
Sucedió justo cuando cruzaba una calle solitaria y poco concurrida, cuando encendí mi iPod y puse la lista en modo aleatorio.
Empezó la música a filtrarse en mi cabeza… y con esa canción recibí una bofetada del tiempo.
De repente un latigazo, y recordé el futuro…
Un futuro donde estaba de pie en el porche de una casa al borde de playa, oyendo exactamente el mismo tema que estaba oyendo ahora (ahora?, buena pregunta), y donde al igual que en este preciso momento el sol estaba a punto de darme de lleno en la cara. Entonces me vi y me devolví la mirada…
Lucía francamente feliz, quizás era la luz de la mañana, quizás el pelo revuelto de domingo que llevaba. No lo sé en realidad. Pero a la legua se podía sentir que era un gran momento. Se veía en el azul intenso de un cielo marino, se oía en las olas apagadas por la música… bendita música, que te envuelve…
Ojala hubiese habido tiempo de hablar con esa persona que llegaré a ser, preguntarle como he llegado hasta ahí, como ha sido el camino, quien nos acompaña, a que me dedico, donde estamos… tantas cosas que ahora mismo me resultan tan impredecibles.
Pero en cuanto la luz del día fue intensa, el semáforo cambió a verde, se acabó la canción y se dibujó con claridad la ciudad. Ese cuadro nítido y mi yo futuro, se esfumaron sin dejar apenas huella, y regresé súbitamente al presente, a la calle poco concurrida y ahora algo menos solitaria…
Pasados los días me pregunto si ese instante ha sido resultado de recordar el futuro o si más bien ha sido un instante, donde en otro lugar y otro momento, he recordado estos días, y los sucesos que ahora me envuelven.
Es difícil diferenciarlo, e incluso definirlo.




